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Lunes, 16 Abril 2018 22:10

50 Gotas, 50 Suspiros

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G-68 Laredo G-68 Laredo

Carta remitida a los asistentes de la fiesta de la Generación del 68 en Laredo. Dedicada a los que estuvieron, los que no pudieron asistir y los que faltando, nunca olvidamos. 

" Una gota, leve caricia sobre la piel, refresca y alimenta a quien la desea, como inicio de una nueva vida.

La tuya, la mía, gotas entre millones de una lluvia de anónimas vidas anodinas, de entre las que destacan las predestinadas a una ánfora especial. La tuya, la mía, cayeron con fuerza en un mismo charco, creando ondas que consiguieron alterar la quietud del espejo, dejando impronta de que estábamos vivos, estábamos allí.

Cada insignificante gota nuestra, era riego de vida para aquellos que esperaban nuestra infantil sonrisa cada mañana, un despertar a un nuevo día, despertar a la ilusión venidera de una vida plena. Y mojando las mojadas calles de un parque, una calle, un pueblo, conocimos otros sueños, otras aspiraciones, otras ilusiones. Otras vidas.

Los estudios, los menos y los juegos, aventuras y sueños lo más, fueron cauce que aunaron aguas que llegaron a bravas cuando ya muchos, sintieron la pasión que la vida imprimía a quienes, dispuestos a vivirla, la agarraban con la fuerza y descaro de una incipiente juventud.

Juntos, gota a gota, creciendo como olas, tomamos la orilla, agitando las rasas arenas, intentando mostrar al mundo que no éramos silenciosa agua detenida, sino bravo rio que aspiraba a ganar la marea. La fuerza de uno era el apoyo del otro. Mas el riesgo estaba en la elección, en el compañero de viaje, en la aspiración, en la prisa por ser mar. Y cada elección fue una decisión firme que a algunos premió mientras a otros condenó. Malditas decisiones erróneas que nos robaron sonrisas juveniles de aguas buenas. Maldito destino que secó ilusiones ahogando sueños. Hoy, como ayer, también pienso en todas las gotas perdidas, derramadas sin sentido, a las que la torpeza, la sed o el sol ha evaporado. Fueron ellos pudiendo haber sido nosotros, pues compartimos cauce, compartimos vida.

Y tras un largo trayecto que transcurrió como un suspiro, las gotas ya pesaban, asentaban las ideas, tornaban los sueños en responsabilidades, las ilusiones en proyectos, la seducción en comodidad. La fuerza del agua se reduce cuando esta llega a tierras llanas, cuando se dividen las masas, cuando los destinos nos muestran distintas formas de llegar al mismo sitio, pues no hay agua que tarde o temprano reinicie el ciclo, no hay agua olvidada por el destino, no hay agua no destinada a crear nuevas gotas.

50 gotas en un caudal de vivencias no son más de lo que muchos hubiésemos deseado, allá cuando soñábamos con ser mayores. Llegamos sin pensarlo, con la inocencia de quien cree que siempre estuvo allí, sin conciencia de vida, con prisa por vivir. El momento, la locura, las ilusiones, la insensatez daban forma a la fuerza con la que impulsábamos el futuro incierto, aleatorio en ocasiones, cruel y maldito en otras. Hoy, tal vez no recuerdes lo que con esfuerzo aprendiste en clase de matemáticas, pero sin esfuerzo, erizándote el bello, seguro que recuerdas tu primer beso.

50 gotas 50 suspiros. Una mirada atrás, un camino repleto de adornadas vivencias, de sesgados recuerdos, de emociones sin palabras. Y a tu costado, riendo, callando y algún día llorando, algunos de los que mojaron contigo las calles de tu barrio, el patio de tu colegio, las mejillas de los que no lo lograron. Y por ellos, por nosotros, por los que van llegando, elevo mi copa, dispuesto, humilde, bravo, sabedor de que mi gran tesoro, nuestro gran tesoro, solo son 50 gotas de vida con las que, a quienes amamos, debemos seguir regando."

Ignacio Pérez Piñero

 

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