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Alguna de las facetas más destacadas de la conducta humana desde diversas perspectivas

Pérez, I. (2013): Hipótesis de la disociación evolutiva en la expresión/interpretación de las emociones. Master en CNV- Universidad Camilo José Cela

Antecedentes

Aristóteles, en su “Historia de los animales” hacía reflexiones sobre el comportamiento animal. Más de dos mil años después, Charles Darwin explicaba la importancia de las emociones, tanto en los animales como en el hombre como instrumento de adaptación y supervivencia de las especies (Darwin, 1872). Expone cómo los animales expresan emociones de placer, dolor, felicidad y tristeza y deja patente de que es en el contexto del juego, donde los animales jóvenes manifiestan una alegría extrema, al igual que los niños de ser humano. Darwin planteó que las expresiones faciales humanas mostraban estados emocionales idénticos en todos los seres humanos, relacionando la emoción con la expresión y estas con determinadas conductas, como un proceso continuo resultante de la evolución, y por lo tanto, comparable entre diversas especies. (Darwin, C. 1872. La expresión de las emociones en los animales y en el hombre). Algunos de sus principios se basaban en que las expresiones de la emoción evolucionan a partir de conductas, de manera que si son beneficiosas aumentarán, disminuyendo si no lo son y que los mensajes opuestos a menudo se indican por movimientos y posturas opuestas (principio de antítesis).

Darwin, en su obra “La expresión de las emociones en el hombre y en los animales” (1872), muestra la importancia que en la supervivencia de las especies cobra las emociones, sugiriendo que el comportamiento expresivo relacionado con una emoción se basa en restos o elementos parciales de una respuesta compleja relacionada con la causa de la emoción y con un origen primitivo ( por ejemplo, la expresión de asco como reflejo incompleto del acto de vomitar). Las emociones se presentan como un instrumento que interviene en nuestro cerebro formando parte de la respuesta de este ante situaciones que exigen una rápida actuación frente a situaciones de nuestro entorno. Los complejos procesos cerebrales de respuesta ante estímulo externos que exigen una actuación encaminada a la supervivencia, defensa, ataque o incluso afiliación o sustento del grupo.

Dar por sentado que a priori, todo individuo que convive en sociedad interioriza con el paso del tiempo los preceptos que esta tiene o ha establecido como éticos y morales es posiblemente una de las debilidades que facilita una relajación o dejación de funciones en la educación de esa sociedad. Educar a los niños de forma transversal algunos conceptos morales esperando que con la adquisición de la edad adulta se asentarán e integrarán en su conducta es tal vez retornar a las primeras décadas del siglo XX en el que en el entorno de la psicología se debatía  sobre una serie de rasgos de personalidad, que aportaban un carácter moral al individuo por el cual, actuaban entre dos extremos de una línea entre el bien y el mal. Por entonces, Hartshorne y May realizaron entre 1928 y 1930 un ambicioso estudio sobre miles de niños y adolescentes, consistente en observar el momento en el que surgen virtudes como la honestidad, generosidad, altruismo y autocontrol. Además, querían comprobar la consistencia y estabilidad de dichas conductas en diferentes situaciones.

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